De todos mis viajes siempre he recordado mucho más lo positivo que lo negativo. Por ello afronto el reto presentaros de una forma positiva en cada una de las entradas de este blog 5 razones y 5 fotografias que os animen a viajar a paso lento, a pararos en la mitad del camino, a compartir lo vivido, a descubrir lugares y sensaciones que de otra manera quizás pasarían de largo. Y si teneis propuestas en este sentido, tener este blog por vuestro.....no dudeis en enviármelas.

jueves, 30 de marzo de 2017

Palencia

            ¿Cuántas veces pasamos las hojas de un periódico prestando atención únicamente a los titulares sin prestar atención a la noticia en sí? ¿Cuántas veces nos pasa esto mismo con aquellos lugares por donde pasamos, con las gentes que conocemos? ¿Cuántas veces no hacemos un alto en el camino pensando que lo importante es llegar al destino y cuanto antes mejor? Hay pequeñas ciudades que precisamente por estar en medio de caminos o cercanas a ellos no tienen el atractivo ni ejercen la atracción de otras más populosas y cercanas. Es el caso de Palencia, situada bastante cerca de Valladolid, Burgos, León y Santander. Este hecho la ha sustraído de ser más conocida, más admirada, más valorada. Otras le hurtaron el mérito de ser sede de la primera Universidad de España, la Studium Generale de Palencia, que ahora reconocen los historiadores. A la llegada a la ciudad nos recibe el Cristo del Otero cual Cristo del Corcovado abrazando a Tierra de Campos.


Influenciada durante siglos por su cercanía al Camino de Santiago, sus principales edificios muestran un compendio de todos los estilos arquitectónicos que se fundieron en el Camino de las Estrellas. Sin embargo, y esta es mi 1ª razón, esta ciudad pulcra de recias gentes castellanas ha sabido respetar su pasado con orgullo para abrirse al futuro sin menoscabar la herencia recibida. Nada disturba su monumentalidad. Son espacios abiertos los que nos permiten disfrutar de su Catedral, “La Bella Desconocida”; el Convento de San Pablo; la Iglesia de San Francisco, sede las Cortes Generales en el s. XIV y residencia real; la Iglesia de San Lázaro, antiguo hospital de leprosos; el Monasterio de las Claras, que guarda la famosa talla del Cristo de las Claras; o la Iglesia de San Miguel, donde cuenta la leyenda que el Cid Campeador se casó con Doña Jimena.   Así, Palencia da la impresión de ser un decorado donde cada pieza encaja y tiene su lugar.




Aprovechando que el río Pisuerga pasa por Valladolid, el río Carrión pasa por Palencia. Este río nacido en la montaña palentina abre sus brazos a la ciudad formando dos islas y dotando a la ciudad de uno de sus mayores atractivos: sus puentes y jardines. Esta es mi 2ª razón y para disfrutarlos mi propuesta es un paseo A Paso Lento por sus orillas desde el Puente de Hierro, que evoca el auge burgués de la Palencia de finales del XIX, hasta  el Puentecillas de origen romano y que nos conduce hasta el Parque del Sotillo de los Canónigos y Huertas del Obispo. Aquí los hayas, chopos, castaños y abedules prolongan su sombra para cobijarte en los días de verano y el colorido de sus hojas marca el paso de las estaciones.



Una de las grandes ventajas de las ciudades pequeñas es que a poco que salgas de ella te encuentras en plena naturaleza. En el caso de Palencia, la naturaleza se condensa en el Monte El Viejo. Esta es mi 3ª razón. Su camino de subida, aproximadamente 7 kms, ha devenido en su particular  “paseo del colesterol”. Tras llegar arriba podrás disfrutar de una excelente oferta de ocio con piscinas, rutas de senderismo, rutas de mountain bike, y unos pintorescos bares y restaurantes que reciben los nombres de Refugio, Casa Grande y Casa Pequeña o Casa del Guarda. Desde esta última, hay una magnífica vista panorámica de la ciudad. Con todo, el Monte El Viejo esconde como uno de sus mayores tesoros una reserva de ciervos que permite disfrutar de estos animales con la mayor cercanía.



Volvamos a la ciudad, bajemos del monte. El invierno se hace largo en esta ciudad castellana, sin embargo, y esta es mi 4ª razón, su gastronomía nos permite afrontarlo de una forma más amable con unas sopas de ajo castellanas, su famoso lechazo, los mejillones de “La Mejillonera” o cualquiera de los estupendos pinchos de sus bares.


No quisiera despedirme de Palencia hasta la próxima, sin, y esta es mi 5ª razón, dejar una curiosidad. Al igual que la portada de la Universidad de Salamanca tiene su “rana”, la catedral de Palencia tiene entre sus gárgolas a un personaje que nos retratará con cara de asombro o quizás de divertimento mientras nosotros tratamos de hacer lo mismo con él. ¿Te atreves a descubrirlo?.......Viaja a Palencia, sal del camino.